viernes, marzo 06, 2020

Reflexiones de un gallego sobre Vox y las elecciones al Parlamento de Galicia


Reflexiones de un gallego sobre Vox y las elecciones al Parlamento de Galicia

José María Permuy Rey


Como he escrito en otras ocasiones, mis creencias religiosas y mis principios políticos católicos no me permiten identificarme plenamente con Vox.

No puedo compartir la raíz y el enfoque liberal de algunas de las medidas que promueve. Hay verdades y normas que no son opinables y hay falsedades e inmoralidades que no pueden tolerarse, sino que simplemente han de prohibirse (por ejemplo, la ideología de género).

Por otra parte, me intranquilizan las luchas internas localistas que de vez en cuando salen a la luz, la dudosa selección de algunos de sus fichajes de última hora y  el caos organizativo en ciertas provincias y municipios, porque temo que personas arribistas puedan tratar de hacerse con el control de Vox en distintos lugares, bien para lucro personal, bien para satisfacer ambiciones de mando, bien para imponer en Vox su ideología personal y marginar o quitar de en medio a los que no compartan dicha ideología.

Pero, a pesar de todo, teniendo en cuenta la situación gravísima por la que está pasando España en el momento actual, creo que Vox se ha convertido en un movimiento necesario para nuestra Patria porque, de entre los partidos con posibilidad de llegar a gobernar o condicionar las políticas de los gobiernos, es, a día de hoy, el único que propone determinados postulados -aunque no todos los que yo quisiera, ni los que estimo más importantes-, de extrema urgencia y necesidad para nuestra sociedad.

Postulados que ningún otro partido del sistema está dispuesto a asumir y defender, tales como:

             la supresión de las autonomías políticas regionales;

             la ilegalización de los partidos separatistas;

             un mayor y mejor control de la inmigración y de las ayudas a inmigrantes, atendiendo a su capacidad de integración social y a las necesidades de nuestra nación;

             la erradicación del islamismo:

             la sustitución de la ley de violencia de género por una ley de violencia intrafamiliar que no discrimine a nadie en razón de su sexo y garantice la presunción de inocencia de los acusados;

             la supresión de subvenciones a “chiringuitos” feministas, LGTB, y, en general, de carácter ideológico, así como a los partidos políticos, patronal y sindicatos:

             el pin parental para evitar la imposición de la ideología de género en las escuelas:

             la derogación de la ley de memoria histórica;

             el endurecimiento de las penas para determinados delitos, como, por ejemplo, la violación;

             el amparo a las personas que se ven obligadas a utilizar la violencia en legítima defensa;

             el desalojo inmediato de los “okupas”;

             la reducción de todo tipo de impuestos a asalariados, autónomos y empresarios;

             la simplificación de trámites para la creación y desarrollo de nuevas empresas;

             la creación del cheque escolar;

             la limitación de abortos quirúrgicos;

             la defensa de la soberanía e independencia de españa en la UE;

             el reconocimiento a las Fuerzas Armadas y a las Fuerzas de Seguridad del Estado; etc.

La originalidad de las propuestas de Vox explica la confrontación con todos los partidos del régimen, no sólo los de izquierda sino también los del llamado centro-derecha.

En la coyuntura presente, con una sociedad plural en credos, pensamientos y códigos éticos, Vox debe ser un proyecto que aglutine a personas diversas, en pos de aspiraciones políticas basadas en el sentido común.

Vox, como de vez en cuando ha dicho Santiago Abascal, por encima y al margen de las etiquetas de derecha e izquierda y de ideologías cerriles, abstractas, dogmáticas y carentes de sentido de la realidad, debería ser un movimiento integrador y transversal, atento a las inquietudes, preocupaciones, problemas y anhelos concretos y cotidianos de millones de españoles de a pie.

Vox no puede ser un mero “PP verde”, ni una continuación del PP de Aznar (el del pacto de Majestic), ni tan siquiera un heredero del PP de Fraga (entusiasta del modelo autonómico que Vox quiere desmantelar y de la partitocracia corrupta que padecemos). Debe ser otra cosa. Y en ello consistirá, en parte, el secreto de su éxito y de su consolidación.

La irrupción de Vox en los distintos parlamentos (nacional, europeo y autonómicos), así como en diversos ayuntamientos, ha servido para sacar del ostracismo ciertas ideas políticamente incorrectas, que afectan, incumben y preocupan a millones de españoles que, desde mi admirado Blas Piñar (a pesar de las diferencias entre FN y Vox), carecían de un vocero político que planteara dichas ideas desde instituciones representativas importantes.

Además, Vox ha podido influir en la toma de algunas decisiones y medidas políticas buenas, hasta ahora soslayadas por todos, por medio de la negociación con el PP y Cs en aquellas comunidades autónomas y municipios que han necesitado del apoyo de Vox para poder formar gobierno.

Sería muy interesante, por cierto, que Vox creara un blog o una web donde se vayan publicando por orden cronológico, y de modo sucinto,  todas y cada una de sus intervenciones y propuestas en las instituciones representativas de los distintos ámbitos territoriales;  todas y cada una de sus iniciativas legislativas, así como el desarrollo y resultado de las mismas; y todas y cada una de las ideas de Vox que han sido admitidas y puestas en práctica por los gobiernos autonómicos o municipales que han podido constituirse gracias a su respaldo.

Con motivo de las próximas elecciones autonómicas en Galicia, algunos se preguntan si es conveniente que Vox se presente a los comicios, aun a riesgo de hacer peligrar la mayoría absoluta del PP de Núñez Feijóo.

A los argumentos de siempre sobre el voto útil al mal menor, para evitar que el gobierno de la Xunta recaiga en un partido o coalición de izquierda, se suma la idea de que las propuestas de Vox no tienen el mismo encaje en la realidad política gallega que en la nacional.

A mi juicio la respuesta depende de qué pueda aportar Vox a Galicia para que sus propuestas urgentes y de extrema necesidad se implementen en nuestra región.

Para ello, primero hay que analizar si en las cuestiones relativas a dichas propuestas la comunidad gallega tiene o no competencias para poder actuar al margen del Estado y de las directrices impuestas por la Unión Europea.

Sería injusto, una pérdida de tiempo y, además perjudicial para la imagen y prestigio de Vox, que criticáramos a la Xunta de Galicia por asuntos que no son de su incumbencia y en los que, por tanto, no se le puede exigir responsabilidades.

Sin embargo, en aquellos casos en los que el gobierno y el parlamento de Galicia sí gocen de competencia para legislar, dictar normas o tomar medidas políticas acerca de tales asuntos o cuestiones, hay que examinar cuál ha sido y es la postura del actual gobierno de Núñez Feijóo en relación con ellas.

En la proporción en que las políticas desarrolladas por el PP gallego se opongan a las propuestas por Vox, quedará de manifiesto en qué medida es necesaria  o conveniente  la presencia de Vox en el Parlamento de Galicia.

Imagino que los responsables de la campaña de Vox en Galicia habrán tenido en cuenta este tipo de consideraciones y espero que, por otro lado, sirvan para despejar dudas en aquellos que han votado a Vox en otras convocatorias electorales y se muestran reacios a hacerlo en esta ocasión.

martes, octubre 29, 2019

Infalibilidad del Magisterio ordinario y universal y falibilidad del Magisterio ordinario auténtico

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Infalibilidad del Magisterio ordinario y universal
y falibilidad del Magisterio ordinario auténtico
José María Permuy Rey
            Todo católico mínimamente formado sabe que el Magisterio extraordinario de la Iglesia es infalible.
            Pero creo que no es tan conocida la infalibilidad del Magisterio Ordinario y Universal (que no abarca todo el magisterio ordinario).
            La Constitución Dogmática Filius Dei, del Concilio Vaticano I, de 24 de abril de 1870, enseña:
“Deben ser creídas con fe divina y católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne, sea por su magisterio ordinario y universal”.
            La Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la «Professio fidei», dada en Roma el 29 de junio de 1998 por el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirma con respecto al Magisterio extraordinario lo siguiente:
            “Las doctrinas contenidas en la palabra de Dios escrita o transmitida, definidas como verdades divinamente reveladas por medio de un juicio solemne del Romano Pontífice cuando éste habla «ex cathedra», o por el Colegio de los obispos reunido en concilio, requieren el asenso de fe teologal por parte de todos los fieles. Por esta razón quien obstinadamente las pusiera en duda o las negara, caería en herejía, como lo indican los respectivos cánones de los Códigos canónicos”.
“Aquellas doctrinas que conciernen al campo dogmático o moral, que son necesarias para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el Magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas, pueden ser definidas formalmente por el Romano Pontífice cuando habla «ex cathedra» o por el Colegio de los obispos reunido en concilio. Todo creyente, por lo tanto, debe dar su asentimiento firme y definitivo a estas verdades, fundado sobre la fe en la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio de la Iglesia, y sobre la doctrina católica de la infalibilidad del Magisterio en estas materias”.
En relación con el Magisterio ordinario y universal, la Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la «Professio fidei», también enseña:
            “Las doctrinas propuestas infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal, requieren el asenso de fe teologal por parte de todos los fieles. Por esta razón quien obstinadamente las pusiera en duda o las negara, caería en herejía, como lo indican los respectivos cánones de los Códigos canónicos”.
“Aquellas doctrinas que conciernen al campo dogmático o moral, que son necesarias para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el Magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas pueden ser enseñadas infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia como una «sententia definitive tenenda». Todo creyente, por lo tanto, debe dar su asentimiento firme y definitivo a estas verdades.”
Así pues, tan infalible es el Magisterio de la Iglesia llamado extraordinario, como el llamado ordinario y universal:
“El Magisterio de la Iglesia enseña una doctrina que ha de ser creída como divinamente revelada… o que ha de ser sostenida como definitiva, por medio de un acto definitorio o no definitorio. En el caso de que lo haga a través de un acto definitorio, se define solemnemente una verdad por medio de un pronunciamiento «ex cathedra» por parte del Romano Pontífice o por medio de la intervención de un concilio ecuménico”. (Magisterio extraordinario)
“En el caso de un acto no definitorio, se enseña infaliblemente una doctrina por medio del Magisterio ordinario y universal de los obispos esparcidos por el mundo en comunión con el Sucesor de Pedro. Tal doctrina puede ser confirmada o reafirmada por el Romano Pontífice, aun sin recurrir a una definición solemne, declarando explícitamente que la misma pertenece a la enseñanza del Magisterio ordinario y universal como verdad divinamente revelada, o como verdad de la doctrina católica. En consecuencia, cuando sobre una doctrina no existe un juicio en la forma solemne de una definición, pero pertenece al patrimonio del depositum fidei y es enseñada por el Magisterio ordinario y universal -que incluye necesariamente el del Papa- esa doctrina debe ser entendida como propuesta infaliblemente”.
“Se tenga en consideración que la enseñanza infalible del Magisterio ordinario y universal no es propuesta sólo por medio de una declaración explícita de una doctrina que debe ser creída o sostenida definitivamente, sino que también se expresa frecuentemente mediante una doctrina implícitamente contenida en una praxis de la fe de la Iglesia, derivada de la revelación o de todas maneras necesaria para la salvación, y testimoniada por la Tradición ininterrumpida: esa enseñanza infalible resulta objetivamente propuesta por el entero cuerpo episcopal, entendido en sentido diacrónico, y no sólo necesariamente sincrónico. Además, la intención del Magisterio ordinario y universal de proponer una doctrina como definitiva no está generalmente ligada a formulaciones técnicas de particular solemnidad; es suficiente que eso sea claro en base al tenor de las palabras usadas y del contexto.” (Magisterio ordinario y universal)
            La Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la «Professio fidei», da algunos ejemplos de verdades infalibles transmitidas por medio del Magisterio ordinario y universal:
“La doctrina sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres. La intención del Sumo Pontífice, sin querer llegar a una definición dogmática, ha sido la de reafirmar que tal doctrina debe ser tenida como definitiva, pues, fundada sobre la palabra de Dios escrita, constantemente conservada y aplicada en la Tradición de la Iglesia, ha sido propuesta infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal”.
“La doctrina de la ilicitud de la eutanasia, enseñada en la encíclica Evangelium vitae. Confirmando que la eutanasia es «una grave violación de la ley de Dios», el Papa declara que «tal doctrina está fundada sobre la ley natural y sobre la palabra de Dios escrita, que ha sido transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal»”.
“Otros ejemplos de doctrinas morales enseñadas como definitivas por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia son: la ilicitud de la prostitución y la fornicación”.
Se puede decir que forman parte del Magisterio ordinario y universal aquellas doctrinas de fe y moral que, aunque no hayan sido definidas solemnemente por un Papa o un Concilio Ecuménico, han sido enseñadas siempre, en todas partes y unánimemente por todos los obispos en comunión con el Papa.
            Ahora bien, no se debe confundir el Magisterio ordinario y universal con todo magisterio ordinario.
            La Nota doctrinal habla también de la existencia de un magisterio que no es necesariamente infalible y, por tanto, sí podría contener inexactitudes o errores. Lo denomina Magisterio ordinario auténtico, y sería aquel al que “pertenecen todas aquellas enseñanzas -en materia de fe y moral- presentadas como verdaderas o al menos como seguras, aunque no hayan sido definidas por medio de un juicio solemne ni propuestas como definitivas por el Magisterio ordinario y universal. Estas enseñanzas son expresión auténtica del Magisterio ordinario del Romano Pontífice o del Colegio episcopal y demandan, por tanto, el religioso asentimiento de voluntad y entendimiento”
            Son “las enseñanzas propuestas por el Magisterio auténtico y ordinario de modo no definitivo, que exigen un grado de adhesión diferenciado, según la mente y la voluntad manifestada, la cual se hace patente especialmente por la naturaleza de los documentos, o por la frecuente proposición de la misma doctrina, o por el tenor de las expresiones verbales”.