sábado, mayo 08, 2021

EL ESTADO CATÓLICO COMO EXIGENCIA INELUDIBLE DERIVADA DE LA FE CRISTIANA

 


EL ESTADO CATÓLICO COMO EXIGENCIA INELUDIBLE DERIVADA DE LA FE CRISTIANA

José María Permuy Rey

(Artículo publicado en Altar Mayor. Nº 70. Enero 2001)

Según la Declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica[1], toda sociedad ‑y el Estado lo es‑ está obligada a observar unos deberes morales para con la religión verdadera y la única Iglesia de Cristo.

Estos deberes, según la doctrina tradicional reafirmada por el Concilio,  son:

"1)La profesión pública y no sólo privada de la religión del pueblo.

2)La inspiración cristiana de la legislación.

3)La defensa del patrimonio religioso del pueblo contra cualquier asalto de quien quisiera arrancarle el tesoro de su fe y de su paz religiosa"[2].

En 1973 y en 1988 (entre otras ocasiones), Monseñor Guerra Campos, obispo de Cuenca, recordaba la vigencia de dichos deberes, los cuales clasificaba en dos grupos:

"Primero, en relación directa con el orden espiritual:

a)dar culto a Dios;

b)favorecer la vida religiosa de los ciudadanos;

c)reconocer la presencia de Cristo en la historia y la misión de la Iglesia instituida por Cristo.

Segundo: en relación directa con el orden temporal, inspirar la legislación y la acción de gobierno en la ley de Dios propuesta por la Iglesia".

Pues bien, cuando tal deber moral, "la sociedad lo inscribe como compromiso en su ley fundamental (según corresponde a un estado de derecho) ya tenemos el núcleo de lo que se llama <<confesionalidad>>"[3].

La confesionalidad puede definirse como el compromiso público y formal de una sociedad de rendir culto público al verdadero Dios, y de ajustar sus normas e inspirar su acción de gobierno por la moral cristiana, tal y como la Iglesia Católica nos la presenta[4].

Estado confesional será, pues, aquel que dé culto a la Santísima Trinidad y reconozca la Ley de Dios, tal como la enseña la Santa Madre Iglesia, como instancia jurídica suprema, inviolable e inmutable[5].

En palabras del cardenal Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, "mientras exista un consenso social sobre el hecho de que los valores fundamentales del cristianismo constituyen también una premisa para la legislación, se puede mantener un vínculo relativamente estrecho entre Estado, Sociedad e Iglesia, que tiene sentido y no se contrapone a la libertad de religión[6]".

Conviene aclarar también, para evitar equívocos, qué no debe entenderse por confesionalidad, ya que "la reticencia existente respecto del término confesionalidad se debe a que ha sido erróneamente equiparada a cosas muy diferentes. La realidad que nombramos como confesionalidad no es lo que a veces ‑muy a menudo‑ se piensa.

Confesionalidad no es la persecución o discriminación de los no católicos.

Tampoco es la imposición coercitiva de prácticas de culto y piedad a todos los fieles.

Ni es la entrega del poder civil al clero.

Ni se ha de identificar con la exclusividad de una opción política impuesta a todos los católicos, como cuando se les ha instado a la unión contra una política gravemente mala.

Ni hay por qué pensar que la confesionalidad implica que la Iglesia apruebe y avale a priori todos los actos y pormenores de la sociedad que se profesa oficialmente católica, que no por eso dejan de ser mejorables, discutibles o injustos.

Confesionalidad católica no es nada de eso. Ni tampoco consiste en emplear el calificativo `católico´ en el nombre oficial de la asociación, el sindicato o el Estado: un título altisonante del que blasonar, pero a la postre huero. Por el contrario, es el compromiso colectivo de una sociedad de vivir seriamente su inspiración cristiana en toda su profundidad y, por lo tanto, también en el plano institucional"[7].

Así pues, la confesionalidad católica del Estado significa que "la sociedad, por serlo, ha de reconocer como padre y autor a Dios y reverenciar y adorar su poder y su dominio"[8].

Significa que "no pueden las sociedades políticas obrar en conciencia, como si Dios no existiese; ni volver la espalda a la religión, como si les fuese extraña; ni mirarla con esquivez ni desdén, como inútil y embarazosa; ni, en fin, adoptar indiferentemente una religión cualquiera entre tantas otras.

Siendo, pues, necesario, al Estado profesar una religión, ha de profesar la única verdadera, la cual sin dificultad se conoce, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como sellados los caracteres de la verdad. Por lo tanto, ésta es la religión que han de conservar los que gobiernan; ésta la que han de proteger, si quieren, como deben, atender con prudencia y útilmente a la comunidad de los ciudadanos.[9]"

"Así fundada y constituida la sociedad política, manifiesto es que ha de cumplir por medio del culto público las muchas y relevantes obligaciones que la unen con Dios.

La razón y la naturaleza, que mandan que cada uno de los hombres dé culto a Dios piadosa y santamente, porque estamos bajo su poder, y de Él hemos salido y a Él hemos de volver, imponen la misma ley a la comunidad civil.

Tiene el Estado político la obligación de admitir enteramente, y profesar abiertamente aquella ley y prácticas de culto divino que el mismo Dios ha demostrado querer.[10]".

" De todos los deberes del hombre es sin duda alguna el mayor y más santo aquél que nos manda adorar a Dios con piedad y religión.

Este culto externo ha de ser no sólo personal y doméstico, sino público; porque el Señor es creador no sólo de los individuos, sino de las sociedades. Por tanto, es necesario que la sociedad civil, como tal, reconozca a Dios por su Padre y autor, y tribute a su potestad y señorío el debido culto y adoración. Por lo mismo la sociedad, en su calidad de persona moral, está obligada a tributar culto a Dios".

"Así como la voz de la naturaleza excita a los individuos a adorar a Dios con piedad y fervor, porque de El hemos recibido la vida, y todos los bienes que rodean la vida, así también y por la misma causa tiene que suceder con los pueblos y las naciones. Por tanto los que pretenden que el Estado se desentienda de todo homenaje a la religión, no sólo pecan contra la justicia, sino que se muestran ignorantes e inconsecuentes"[11].

La confesionalidad católica implica que "la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres"[12].

La reivindicación y defensa del estado confesional ha formado parte desde siempre de las enseñanzas de la Iglesia Católica.

Sin embargo, desde hace algunos años, muchos cristianos, -entre ellos una buena parte de los obispos- han criticado el Estado confesional y a las asociaciones que lo propugnan.

Las razones esgrimidas son:

-después del Concilio Vaticano, la Iglesia ha cambiado su manera de entender la relación Iglesia-Estado, así como la relación entre el Estado y la Religión.

Esta objeción es absolutamente falsa. La Declaración sobre la libertad religiosa no sólo no justifica tal cambio sino que explícitamente afirma que deja íntegra la doctrina tradicional acerca de los deberes de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo.

Alegar el Vaticano II para defender la no confesionalidad del Estado es tergiversar totalmente las palabras, el sentido y el espíritu del Concilio, pues éste postula precisamente todo lo contrario.

Tan es así que los obispos españoles que participaron en el Concilio declararon a su término que "la libertad no se opone ni a la Confesionalidad del Estado ni a la unidad religiosa de una nación"[13].

Pero aun hay más. El nuevo Catecismo, en su edición típica latina aprobada en agosto de 1997 por Juan Pablo II, para profundizar concretamente y precisamente en las enseñanzas de la Iglesia con respecto a la Realeza de Jesucristo,  a la obligación de los cristianos de impregnar con la luz del Evangelio las estructuras políticas y económicas, y a los deberes de las sociedades para con la Religión de cristo y su Iglesia, nos remite, explícitamente, a las encíclicas Inmortale Dei (sobre la constitución cristiana de los Estados) de León XIII, y Quas primas (sobre el Reinado Social de Nuestro señor Jesucristo) de Pío XI.

Cuando aclara en qué consiste la libertad religiosa, para refutar falsas interpretaciones, el Catecismo cita y recoge el Magisterio de Pío VI en el Breve Qod aliquantum, de Pío IX en la Quanta cura, de León XIII en la Libertas praestantissimum, así como el de Pío XII.

¿Dónde está pues la ruptura o el cambio de postura entre el magisterio pre y postconciliar?

-No se puede imponer coactivamente la fe.

Esto es verdad. Pero no tiene nada que ver con el Estado confesional.

El Estado confesional no impone a nadie la fe cristiana. Es la comunidad política, la sociedad civil, la que como consecuencia de una fe aceptada libremente y vivida en común, tributa el culto debido a Dios, y profesa la religión católica pública y comunitariamente.

Puede haber minorías que no compartan tales creencias, pero el Estado no les va a imponer la conversión forzosa, sino sólo el respeto a la religión que la mayoría del pueblo hace suya y pretende conservar.

-No se puede imponer coactivamente la moral católica.

Es una verdad a medias, porque como dice Juan Pablo II <<si la autoridad pública puede, a veces, renunciar a reprimir aquello que provocaría, de estar prohibido, un daño más grave, sin embargo nunca puede aceptar legitimar, como derecho de los individuos -aunque éstos fueran la mayoría de los miembros de la sociedad-, la ofensa infligida a otras personas mediante la negación de un derecho suyo tan fundamental como el de la vida>>. (Encíclica Evangelium vitae, n. 71).

No todo lo inmoral tiene por qué estar prohibido por ley, pero sí hay cosas que deben estar siempre prohibidas.

La ley civil debe inspirarse en la ley natural (cuyo primer precepto es, por cierto, el culto a Dios)[14] y en el orden moral objetivo[15], pues como bien ha dicho el card. Ratzinger "un Estado agnóstico en relación con Dios, que establece el derecho sólo a partir de la mayoría, tiende a reducirse desde su interior a una asociación delictiva"; pues "donde Dios resulta excluido, rige el principio de las organizaciones criminales, ya sea de forma descarnada o atenuada”[16].

 Y como sólo la Iglesia Católica tiene el monopolio de la interpretación verdadera de la ley natural y el orden moral objetivo, es lo más justo, razonable y seguro que el Estado acuda a ella como última e inapelable instancia, a la hora de juzgar si su legislación o su actuación política se halla contenida dentro de los justos límites morales, o por el contrario, los desborda[17].

Es la misma Iglesia la que se ofrece y propone al Estado y a las autoridades que acudan a su inspiración y orientación[18]

Por eso, la Iglesia no tiene reparo en enseñar que el Estado ha de reconocer como festivos los domingos y demás días de precepto establecidos por ella, ha de reprimir el aborto, ha de prohibir el divorcio, ha de censurar la pornografía, o ha de ilegalizar la fecundación artificial. Así lo exige en muchísimos documentos. Así se exige en el Catecismo de la Iglesia Católica. Y ello, ¿no supone acaso coacción por parte del Estado hacia aquellas personas que no estén dispuestas a respetar los festivos, o hacia aquellas que pretendan seguir recurriendo al aborto, el divorcio, la pornografía o la fecundación artificial?

-El Estado confesional puede cometer errores e injusticias que comprometerían el buen nombre de la Iglesia.

Este razonamiento es pueril. Todos y cada uno de los fieles cristianos podemos cometer y, de hecho, muchos cometemos a lo largo de nuestra vida pecados, inmoralidades e injusticias. ¿Debemos por ello ocultar ante los demás nuestra condición de cristianos?

Tampoco el Santo Padre y los Obispos están libres de caer en tentaciones que puede redundar negativamente en la imagen de la Iglesia. ¿Deben por ello renunciar a predicar, a aparecer en público? ¿Deben acaso recluirse en un convento de clausura donde nadie les vea?

-El Estado confesional excluye el legítimo pluralismo de los cristianos en materias políticas opinables.

Nada más lejos de la realidad. Por el contrario, -como ha demostrado el profesor Álvaro D´Ors- el Estado confesional, al sustraer  al consenso y a la voluntad de los hombres (tal como enseña la Iglesia) lo que no es opinable, y al condenar lo que es ilegítimo, permite a los cristianos despreocuparse en cierta medida de la defensa política de lo esencial, para que cada cristiano pueda mejor defender y atender al estudio, perfeccionamiento y actualización de las propuestas o soluciones varias que, en lo contingente, puedan aportar a la política o la economía, y asociarse con otros para ello, formándose así, de modo natural, grupos diversos y plurales.

-El Estado confesional atenta contra la legítima autonomía del orden temporal.

Tampoco esto es cierto.

La distinción y mutua independencia entre el poder civil y el religioso no se la ha inventado, como muchos creen, el Concilio Vaticano II.

Tal distinción no existía en las sociedades precristianas. Como no existe, aun en nuestros tiempos, en muchas naciones no cristianas, como es el caso de los países islámicos.

Es una enseñanza propia y exclusivamente cristiana que se ha predicado desde que Jesucristo dijera aquello de dad al César lo que es del César, y dad a Dios lo que es de Dios, hasta nuestros días, pasando por la tan denostada y desconocida Edad Media, época en la que Santo Tomás sentenciaba:

“…in his quae ad salutem animae pertinent (...) magis est obediendum potestati spirituali quam saeculari, in his autem quae ad bonum civile pertinent, est magis obediendum potestati saeculari, quam spirituali”[19].

En palabras de León XIII:

“Dios ha hecho copartícipes del gobierno de todo el linaje humano a dos potestades: la eclesiástica y la civil; ésta, que cuida directamente de los intereses humanos y terrenales; aquélla, de los celestiales y divinos. Ambas potestades son supremas, cada una en su género; ambas tienen sus propios límites dentro de los cuales actúan, definidos por la naturaleza y fin próximo de cada una: por lo tanto, en torno a ellas, se forma como una esfera, dentro de la cual cada una dispone iure proprio”[20].

“Así que todo cuanto en las cosas humanas, de cualquier modo que sea, tenga razón de sagrado, todo lo que se relacione con la salvación de las almas y al culto de Dios, sea por su propia naturaleza o bien se entienda ser así por el fin a que se refiere, todo ello cae bajo el dominio y arbitrio de la Iglesia; pero lo demás que el régimen civil y político abarca justo es que esté sujeto a la autoridad civil puesto que Jesucristo mandó expresamente que se dé al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”[21].

Lo explica muy bien Teodoro Jiménez Urresti, en un libro escrito antes del Concilio:

“Una sociedad organizada políticamente tal como debe según el plan diseñado por Dios para el presente orden de providencia, requiere algo esencialmente cristiano: la distinción de potestades y consiguientemente de sociedades, que corresponden a dos formalidades distintas: una a lo político, y otra a lo religioso”[22].

“El Estado y el Derecho, aun formulados en católico, no se subordinan a la Iglesia en las cosas meramente naturales, es decir, civiles.

Son naturales las <<cosas y los actos que son esencialmente de orden natural, pertenecen al fin del Estado y no dicen relación alguna al orden sobrenatural>> dentro de su línea, es decir que el orden sobrenatural o religioso no es su último fin próximo. Por ejemplo elegir forma de régimen político, erigir tribunales, nombrar magistrados, funcionarios, organizar el ejército y la policía, fomentar las relaciones comerciales e internacionales, etc.

Tales cosas tienen sus propias leyes dentro de su línea temporal, de su autonomía, tienen sus leyes objetivas llamadas técnicas, cuyo contenido objetivo mantiene la ordenación al fin último, es decir, contiene su teonomía. Y la Iglesia es la intérprete y custodia de esta teonomía, que es cosa religiosa en sí misma, llamada ley moral y que de hecho en el actual orden de providencia es, por ordenación intrínseca, existencialmente sobrenatural. Las cosas naturales en cuanto tales, por tanto, no separan al hombre ni al Estado de su último fin.

Por ello si el Estado en su actividad se mantiene en conformidad con esas leyes técnicas, con su autonomía, observa las leyes morales, su teonomía. Y la Iglesia no tiene por qué intervenir. Pero si el Estado, saliéndose de su órbita lesiona las leyes morales, la teonomía por tanto, está lesionando un interés religioso, un interés de la Iglesia. <<Entonces cae bajo la potestad total y absoluta de la Iglesia>>”[23].

La distinción, no obstante, no implica separación.

“Como el sujeto sobre que recaen ambas potestades soberanas es uno mismo, y como, por otra parte, suele acontecer que una misma cosa pertenezca, si bien bajo diferente aspecto, a una y otra jurisdicción, claro está que Dios, providentísimo, no estableció aquellas dos potestades soberanas, sino después de haberlas ordenado convenientemente entre sí”.

“Necesario es, por lo tanto, que las dos potestades estén coordinadas entre sí; coordinación justamente comparada con la del alma y el cuerpo en el hombre”[24].

Volviendo a Urresti:

“Entre ambas sociedades debe reinar no disociación, separación, conflicto o segregación, sino concordia y armonía, <<ordenada unión>> y colaboración en medio de su distinción y propia autonomía”[25].

Más luminosas aún son estas advertencias de Juan Pablo II:

"La distinción entre la esfera eclesiástica y los poderes públicos no debe hacernos olvidar que todos ellos se dirigen al hombre; y la Iglesia, <<maestra de humanidad>>, no puede renunciar a inspirar las actividades que se dirigen al bien común.

La Iglesia no pretende usurpar las tareas y prerrogativas del poder político; pero sabe que debe ofrecer también a la política una contribución específica de inspiración y orientación"[26].

"El orden temporal no se puede considerar un sistema cerrado en sí mismo. Esa concepción inmanentista y mundana, insostenible desde el punto de vista filosófico, es inadmisible en el cristianismo, que conoce a través de San Pablo -el cual a su vez refleja el pensamiento de Jesús- el orden y la finalidad de la creación, como telón de fondo de la misma vida de la Iglesia: <<Todo es vuestro>>, escribía el Apóstol a los Corintios, para poner de relieve la nueva dignidad y el nuevo poder del cristiano. Pero añadía a renglón seguido: <<Vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios>>. Se puede parafrasear ese texto, sin traicionarlo, diciendo que el destino del universo entero está vinculado a esa pertenencia"[27].

Creo haber demostrado lo equivocados que están (muchos seguramente de buena fe) los cristianos que creen que los tiempos de la unidad religiosa, de la confesionalidad del Estado, del Estado católico han pasado, y que la doctrina de la Iglesia sobre la confesionalidad ha dejado de estar vigente.

No es así.

Además, lo importante no es preguntarse si el Estado Católico es o no es posible hoy -hipótesis- sino si el Estado Católico es una exigencia permanente derivada de la fe cristiana -tesis-. Si es así, -que lo es-, lo que debemos hacer los cristianos no es conformarnos resignadamente con intentar establecer un "modus vivendi" que nos permita convivir con un mundo que es hostil a todo cuanto nosotros creemos. Esto, además de una ingenuidad, es una pretensión imposible. Supone un desconocimiento absoluto de la naturaleza humana (afectada por el pecado original con todas sus secuelas), y de la historia, que es una lucha constante y sin cuartel entre la Ciudad de Dios y la de Lucifer, entre el Bien y el mal, entre la Luz y las tinieblas.

Lo que debemos hacer los cristianos es contribuir -aun nadando contra corriente- a que, no sólo los individuos, sino también todas las sociedades (familias, comunidades territoriales, asociaciones profesionales, comunidades políticas nacionales y organismos supranacionales) se conviertan y adoren al único Dios verdadero.

Y ¿a qué conduce ello sino a la confesionalidad?



[1] "El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es <<la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y la única Iglesia de Cristo>> (DH 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan <<informar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive" (AA 13), Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica (cf DH 1). Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo (cf AA 13). La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas (cf León XIII, enc, <<Inmortale Dei>>; Pío XI, enc. <<Quas primas>>). Catecismo de la Iglesia Católica, § 2105

[2] Cardenal Ottaviani. Deberes del Estado católico con la religión. 1953

[3] D. José Guerra Campos. Obispo de Cuenca. Boletín del Obispado nº 8‑10. Agosto‑Octubre de 1988

[4] Para que Cristo reine socialmente. Luis Mª Sandoval. Verbo, nº 335‑336

[5] Democracia española y moral social. Luis Mª Sandoval. Verbo, nº 347‑348

[6] Joseph Card. Ratzinger. La sal de la tierra. Ediciones Palabra. 1997

[7] La catequesis política de la Iglesia. Luis María Sandoval. Speiro, 1994

[8] León XIII. Libertas. 20-6-1888. § 26.  Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[9] León XIII. Libertas. 20-6-1888. § 27.  Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[10] León XIII. Inmortale Dei. 2-11-1885. § 11. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[11] Concilio Plenario de la América Latina. Celebrado en Roma el año 1899. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[12] Pío XI. Quas primas. 11-12-1925. § 33. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[13] D. José Guerra Campos. Franco y la Iglesia Católica. Inspiración cristiana del Estado. Azor. 1993. Pág. 152

[14] "A Dios solo, como a supremo Creador y Señor de todas las cosas debe rendirse culto de latría y verdadera adoración, como la misma ley natural lo sugiere, y se manda expresamente en esta sentencia: Adorarás al Señor tu Dios y a El solo servirás (Mat. IV. 10)."  (Concilio Plenario de la América Latina. Celebrado en Roma el año 1899. Versión electrónica realizada por VE Multimedios)

[15] “La ley natural, obra maravillosa del Creador, proporciona los fundamentos sólidos sobre los que el hombre puede construir el edificio de las normas morales que guían sus decisiones. Establece también la base moral indispensable para la edificación de la comunidad de los hombres. Finalmente proporciona la base necesaria a la ley civil que se adhiere a ella, bien mediante una reflexión que extrae las conclusiones de sus principios, bien mediante adiciones de naturaleza positiva y jurídica". (Catecismo de la Iglesia Católica, § 1959)

[16] Joseph Card. Ratzinger. Una mirada a Europa. Ediciones Rialp. 1993

[17] “Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación:

En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad (S. Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3)”. (Catecismo de la Iglesia Católica, § 2071)

“Los preceptos de la ley natural no son percibidos por todos de una manera clara e inmediata. En la situación actual, la gracia y la revelación son necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas “de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error” (Pío XI, enc. “Humani generis”: DS 3876)”. (Catecismo de la Iglesia Católica, § 1960)

“En la condición presente de la humanidad, que lleva en sí las consecuencias del pecado original, la gracia es de hecho necesaria, tanto en el orden cognoscitivo como en el práctico, para alcanzar plenamente, por una parte, lo que la razón puede captar de Dios y, por otra, para adecuar con coherencia la propia conducta a los dictados de la ley natural (cf. DS 3004-3005). La consecuencia de ello es que los diversos aspectos de la vida humana encuentran en el orden sobrenatural el fundamento más sólido y la garantía más segura de autenticidad: en particular el amor y la amistad (cf. 1, q. 1, a. 8, ad 2), la sociabilidad y la solidaridad, el derecho y el ordenamiento jurídico-político, y por encima de todo la libertad que no es real en ningún aspecto, si no se funda en la verdad". (Juan Pablo II. Discurso a los participantes en el IX congreso tomista internacional 29-09-1990)

“El Romano Pontífice y los obispos, como maestros auténticos, predican al pueblo de Dios la fe que debe ser creída y aplicada a las costumbres. A ellos corresponde también pronunciarse sobre las cuestiones morales que atañen a la ley natural y a la razón” (Catecismo de la Iglesia Católica, § 2050)

[18] “La Iglesia debe comprometerse en formar y acompañar a los laicos que están presentes en los órganos legislativos, en el gobierno y en la administración de la justicia, para que las leyes expresen siempre los principios y los valores morales que sean conformes con una sana antropología y que tengan presente el bien común” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Ecclesia in America, 22 de enero de 1999, nº 19).

"Toda institución se inspira, al menos implícitamente, en una visión del hombre y de su destino, de la que saca sus referencias de juicio, su jerarquía de valores, su línea de conducta. La mayoría de las sociedades han configurado sus instituciones conforme a una cierta preeminencia del hombre sobre las cosas. Sólo la religión divinamente revelada ha reconocido claramente en Dios, Creador y Redentor, el origen y el destino del hombre. La Iglesia invita a las autoridades civiles a juzgar y decidir a la luz de la Verdad sobre Dios y sobre el hombre:

<<Las sociedades que ignoran esta inspiración o la rechazan en nombre de su independencia respecto a Dios se ven obligadas a buscar en sí mismas o a tomar de una ideología sus referencias y finalidades; y, al no admitir un criterio objetivo del bien y del mal, ejercen sobre el hombre y sobre su destino, un poder totalitario, declarado o velado, como lo muestra la historia>> (cf CA 45; 46)". (Catecismo de la Iglesia Católica, § 2244)

“Toda sociedad refiere sus juicios y su conducta a una visión del hombre y de su destino. Si se prescinde de la luz del Evangelio sobre Dios y sobre el hombre, las sociedades se hacen fácilmente <<totalitarias>>” (Catecismo de la Iglesia Católica, § 2257)

 

[19] Santo Tomás de Aquino. Commentarium in II Sententiarum, D. XLIV, q. II, a. 3.

[20] León XIII. Inmortale Dei. 2-11-1885. § 19. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[21] León XIII. Inmortale Dei. 2-11-1885. § 20. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[22] Estado e Iglesia. Laicidad y Confesionalidad del Estado y del Derecho. Teodoro Ign. Jiménez Urresti. Editorial del Seminario. Vitoria. 1958. Pág. 289

[23] Estado e Iglesia. Laicidad y Confesionalidad del Estado y del Derecho. Teodoro Ign. Jiménez Urresti. Editorial del Seminario. Vitoria. 1958. Págs. 287-288

[24] León XIII. Inmortale Dei. 2-11-1885. § 20. Versión electrónica realizada por VE Multimedios

[25] Estado e Iglesia. Laicidad y Confesionalidad del Estado y del Derecho. Teodoro Ign. Jiménez Urresti. Editorial del Seminario. Vitoria. 1958. Pág.279

[26] Juan Pablo II a los obispos de Emilia-Romaña (Italia), en visita "ad limina". 1-3-1991

[27] Juan Pablo II. Audiencia general. 9-2-1994

















jueves, abril 29, 2021

VOX: la única oposición electoral actualmente viable frente a la izquierda


 VOX: la única oposición electoral actualmente viable frente a la izquierda

No perderé el tiempo hablando de Ciudadanos.

El PP no es ni ha sido nunca oposición para la izquierda.

Ha sido y es competidor en la carrera por ocupar puestos de poder con las prebendas que reporta.

Pero el PP, cuando ha relevado a los socialistas en el gobierno, no ha derogado las leyes inmorales, persecutorias y sectarias del PSOE.

Leyes como las del aborto, violencia de género, memoria histórica. Leyes que promueven la ideología de género, el feminismo, las reivindicaciones LGTB, la discriminación lingüística en perjuicio del español, etc. Todas ellas han sido conservadas y aplicadas -cuando no agravadas- por el Partido Popular. Tanto con José María Aznar, como con Rajoy.

No solo eso, sino que El PP no se ha atrevido, o simplemente no ha querido, privar de subvenciones a las asociaciones que fomentan esas prácticas inicuas amparadas por la ley. Ni siquiera ha tenido la ocurrencia, el valor o el deseo de tratar de contrarrestar todo ello haciendo propaganda en sentido contrario. Por ejemplo, a favor de la vida del no nacido y del matrimonio.

El PP no ha tomado las medidas contundentes necesarias para erradicar la inmigración indiscriminada e ilegal. No sea que le llamen racista o xenófobo. Tampoco para acabar con la ocupación de viviendas y endurecer las penas contra todo tipo de delitos. No vaya a ser que les llamen fachas.

Ha cedido a los separatistas competencias que ni los mismos socialistas llegaron a otorgar. Pero no es de extrañar, porque el PP es entusiasta del régimen autonómico. No en vano las autonomías son magníficas agencias de colocación laboral de amigos y votantes cautivos.

El PP ha “resuelto” el gravísimo problema de la sedición catalanista, propiciando la vuelta al poder de los mismos partidos secesionistas promotores de la insurrección.

El PP, al igual que el PSOE, no ha reformado el poder judicial para que sea independiente. No ha dejado de subvencionar a los partidos, sindicatos y patronal. No ha reducido el gasto político.

El PP no es un enemigo para la izquierda porque no supone ningún obstáculo a la corruptora agenda ideológica social-comunista. Cuando la izquierda sustituye al PP en el poder no tiene más que retomar esa agenda donde la había dejado y seguir desarrollándola. Con la ventaja para ellos de que, mientras tanto, los efectos nocivos de sus depravaciones ideológicas han seguido calando en la sociedad porque el PP no ha hecho nada para evitarlo.

Ha tenido que surgir Vox para que la izquierda se muestre tal cual es: violenta y totalitaria.

Con el PP no era necesario. Lo tenían domesticado. La izquierda española sabe que el Partido Popular, al igual que ella, es lacayo servil de los mandamases del Nuevo Orden Mundial que trata de destruir el orden natural.

Pero Vox ha prometido que va a derogar todas las leyes social-comunistas que mantuvo el PP, desmantelar los “chiringuitos” de la izquierda, recortar el gasto político, reformar el sistema autonómico, controlar la inmigración, expulsar a los “okupas”, ser implacable con los delincuentes, ilegalizar a los separatistas, defender la soberanía española en Europa…

Vox ha prometido no solo frenar, sino desbaratar todas las “conquistas” de la izquierda y reconstruir una España con sentido patriótico, con sentido moral y con sentido común.

Y todo esto la izquierda no lo puede tolerar.

La izquierda sabe muy bien cuál es el adversario a abatir. Por eso las piedras en los mítines, las amenazas de ilegalización, los “cordones sanitarios”, la acusación de fascistas y terroristas peligrosos para la democracia y hasta para la vida de los “demócratas” no se dirigen al PP sino única y exclusivamente a Vox.

La izquierda lo tiene claro. Los que apoyan al PP para oponerse al triunfo de la izquierda, no. Pierden el tiempo y malgastan su voto. Si quieren detener y hacer retroceder la revolución social-comunista-separatista, ahora mismo la única alternativa viable es Vox.

 José María Permuy


lunes, abril 26, 2021

El voto a Vox de un patriota contrarrevolucionario

 

El voto a Vox de un patriota contrarrevolucionario

Gracias a Dios, soy católico, patriota y contrarrevolucionario.

Quiso el Señor que a lo largo de mi vida tuviera la gracia de ir conociendo libros, grupos y personas que han contribuido a formar mi pensamiento y consolidar mis creencias en ese sentido.

Me enamoré del pensamiento de José Antonio y ello me llevó a militar durante unos años en diversos movimientos falangistas.

Siendo falangista descubrí el pensamiento político contrarrevolucionario, español y extranjero, carlista y no carlista, y llegué a la conclusión de que -sin ser incompatible con mi adhesión a José Antonio, Onésimo o Arrese, que mantengo- es lo más coherente con la fe católica que profeso.

Por último, me di cuenta de que ambas influencias, la falangista y la tradicionalista fueron asumidas y armonizadas por mi admirado Blas Piñar, en un movimiento, Fuerza Nueva, que ha adoptado distintos nombres y ha dado lugar a iniciativas diversas, que tiene como referente los principios fundamentales del Movimiento Nacional acaudillado por el Generalísimo Franco y al cual me incorporé afiliándome a Alternativa Nacional desde sus inicios y colaborando actualmente con el Movimiento Católico Español.

Obviamente Vox no tiene como inspiración el ideario contrarrevolucionario, ni como referente a Fuerza Nueva.

Lo sé desde un principio. Por eso, al contrario que otros camaradas o correligionarios, nunca me ha decepcionado Vox. Porque no he confundido a Vox con algo que no es. Ni he esperado de Vox lo que no cabe esperar.

Mi meta en política es la reconquista de la Unidad Católica de España, la restauración de la Cristiandad, la instauración de la ciudad católica en el orbe entero.

A ello aspiro y por ello llevo luchando -y sigo en ello- en distintos frentes (eclesial, político, cultural) y desde asociaciones diversas.

Pero no es en unos comicios donde se va a decidir la consecución inmediata de esta meta. Porque a día de hoy no se dan, ni remotamente, las circunstancias para que en un plazo breve -y mucho menos en unas próximas elecciones- se pueda alcanzar.

Es una pena. Pero es la realidad.

En tanto en cuanto no me sea realmente posible, Dios no me pide que haga el máximo bien deseable. Pero sí me pide que haga el máximo bien que pueda en cada momento, sin dejar de luchar por hacer viable la consecución de bienes mayores en el futuro.

Si en este instante pudiera salvar a todos los niños que son abortados cada año, tendría la obligación moral de hacerlo. Pero si no puedo, porque de hecho carezco de capacidad para ello por más que lo desee, y sin embargo tengo la posibilidad de salvar un 90 % de esos niños, ¿cómo no hacerlo? Ello no quiere decir que no siga trabajando para que se dé una coyuntura que me permita llegar a la prohibición total del aborto. Pero mientras ello no suceda, debo salvar cuantas más vidas pueda aquí y ahora.

Entre salvar algunas vidas de niños inocentes por medio de una ley mala, pero más restrictiva -como propone Vox- y seguir dejando que mueran todos los no nacidos abortados bajo las leyes vigentes, no puedo preferir que mueran todos. Se ha hecho el sábado para el hombre, no el hombre para el sábado.

Vox no es mi “ideal”. Vox es constitucionalista. Yo estoy convencido de que en la Constitución está el origen de muchos de los problemas que padece España.

Vox no es contrarrevolucionario. Ni siquiera es un partido católico. Yo rechazo el aconfesionalismo y quiero el reconocimiento político de la Soberanía de Cristo.

La ideología de Vox es, predominantemente, el liberalismo. Yo creo que todo liberalismo es pecado.

Por eso, si en unas próximas elecciones existiera la más mínima posibilidad para un partido patriota, contrarrevolucionario, católico y no constitucionalista de adquirir poder suficiente para poner en práctica todo o parte de su ideario, le votaría antes que a Vox.

Pero la realidad se impone. Hay que cambiarla, sí. Pero mientras ello no ocurre, la vida sigue, la Patria continúa rompiéndose, las almas de nuestros jóvenes, corrompiéndose y las vidas de los no nacidos y de los mayores, eliminadas. La seguridad de nuestras calles y nuestras casas cada vez menor. El paro aumenta, El dinero público se despilfarra. El social-comunismo amenaza con prohibir la legítima libertad política y religiosa.

En la hora presente Vox es el único partido político de los que se presentan a elecciones en España que, teniendo posibilidades de éxito, puede poner freno ahora mismo a la Revolución y aun hacerla retroceder.

El triunfo de Vox puede suponer la salvación de miles de cuerpos y almas. No todos los que querríamos, sin duda. Pero muchos más de los que se salvarían sin Vox. Los cuerpos de las víctimas de la actual ley del aborto y de la eutanasia. Las almas de los niños corrompidos por las ideologías de género, LGTB y feministas, entre otras.

Vox no va a restaurar la unidad católica de nuestra Patria. Pero va a defender la unidad territorial.

Vox no ilegalizará todos los partidos políticos, como muchos querríamos. Pero sí va a hacerlo con los separatistas. Y acaso con los comunistas. Como ocurre en otros lugares del mundo.

Vox no va a reivindicar la figura de Franco y su legislación pero va a derogar las leyes de memoria histórica y democrática para que, los que queramos, podamos hacerlo.

Votar a Vox no añade ningún mal a los ya existentes. No empeora nada. Por el contrario, va a mejorar la situación de España y de los españoles y va a hacer más fácil y más cercano mi objetivo político.

Además, votar a Vox no me supone ningún pacto, ninguna renuncia, ninguna transacción, ninguna componenda, nada que disminuya mi apostolado católico, patriótico y contrarrevolucionario. Al contrario. Votando a Vox, si gracias a ello llega a gobernar, voy a tener más libertad que ahora para realizar mi apostolado. Incluso para seguir criticando a Vox en lo que no esté de acuerdo con Vox.

El voto a un partido no es como un voto religioso. No me compromete a seguir votándole ni por un tiempo ni perpetuamente, ni a adherirme a todo su programa, ni a dejar de reprocharle lo que considere reprochable. No me compromete a nada. Es el partido el que, al recibir mi voto, se compromete a cumplir todos sus postulados políticos, entre los cuales se encuentran aquellos que me han animado a votarle. Mi voto no es cautivo del partido. El partido es cautivo de mi voto. Voto que seguiré prestándole si no me engaña y mientras no haya otro partido con mejores propuestas que Vox que pueda gobernar.

Mi voto a Vox no me impide seguir escribiendo a favor del Reinado Social de Jesucristo, participar como orador en homenajes públicos a Franco o pronunciar conferencias contra el liberalismo.

Es una apuesta en la que no tengo nada que perder, mientras que, no solo yo, sino mis compatriotas, mis hermanos en la fe y la causa de Dios tenemos mucho que ganar.

Vox no será el remedio que cura la enfermedad, pero es medicina que alivia los síntomas, detiene su agravamiento y mejora el estado de salud. Que nos ayuda a no ir a peor e incluso a mejorar y mantenernos con vida mientras no exista el fármaco que cura o no tengamos dinero suficiente para adquirirlo, en caso de que ya exista.

El triunfo de Vox, en el peor de los casos, nos concede tiempo y libertad para seguir haciendo apostolado de la contrarrevolución y procurar que algún día, con la ayuda de Dios, la sociedad esté preparada para aceptar y demandar opciones políticas plenamente católicas y contrarrevolucionarias. Mientras no exista una sociedad preparada, es decir, con mentalidad católica y patriótica contrarrevolucionaria, es inútil concurrir a unas elecciones con un ideario católico, patriótico, contrarrevolucionario. Del mismo modo que sería inútil querer pescar en un lago vacío de peces, por más veces que lancemos la caña y por muy bueno que sea el anzuelo. Si queremos llegar a pescar, primero hay que poblar el lago con peces.

A mi juicio, los patriotas católicos y contrarrevolucionarios debemos posponer toda pretensión electoral inmediata para volcar nuestro esfuerzo en la educación, en el combate cultural, en el homenaje a nuestros héroes y el recuerdo de nuestras gestas, en la formación de las conciencias. Por medio de actos públicos, mítines, conferencias, presentaciones de libros, campamentos, cursos de verano, redes sociales, etc. Y, mientras tanto, como diría José Antonio, votar sin fe y sin respeto por el régimen político vigente, pero votar lo menos malo o el mayor bien posible.


viernes, abril 16, 2021

¿Adoctrinar? Depende. ¿Pervertir y engañar? ¡Nunca!

El diccionario de la RAE define así la palabra adoctrinar: Inculcar a alguien determinadas ideas o creencias.
Hay quienes consideran que la Escuela Pública no debe adoctrinar a los estudiantes.
En un Estado como el actual, laicista y partitocrático, carente de una ortodoxia pública acorde con el orden moral objetivo y a expensas de las distintas ideologías, más o menos perversas, de los partidos que se turnan en el poder, estoy de acuerdo. Lo mejor es que la Escuela Pública se limite a instruir a nuestros jóvenes en materias carentes de trasfondo moral o ideológico.
Pero el problema de fondo no es de adoctrinamiento o no. Muchos de los que defienden el no adoctrinamiento en la enseñanza pública cuando los gobiernos tratan de promover la ideología de género o cualquier otro tipo de perversión moral, seguramente estarán muy contentos cuando la Escuela Pública enseña a respetar los derechos humanos, amar la democracia y otras cosas por el estilo. Sin embargo, también esto es adoctrinar, es decir: inculcar ideas o creencias.
Lo grave no es adoctrinar, sino pervertir, corromper y engañar. Es decir, inculcar ideas o creencias que son malas o falsas.
Por eso yo sugeriría a los políticos y comunicadores que, más que proponer el no adoctrinamiento en la enseñanza pública propongan la no perversión y el no engaño.
Claro que ello conlleva no limitarse tan solo a defender la libertad individual para elegir o rechazar doctrinas, sino el reconocimiento del bien y de la verdad objetivos, de que por encima de la libertad están el bien y la verdad y de que cuando permitir la elección del mal y del error puede afectar gravemente al bien común de la sociedad y a la integridad física o moral de las personas víctimas de la perversión y el engaño, puede la comunidad política -y en algunos casos debe- limitar esa libertad, prohibir la perversidad y el error y preservar el bien y la verdad.

José María Permuy

lunes, marzo 15, 2021

Reflexiones de Juan Arias-Andreu, fundador de las JONS (Texto inédito)

    

Juan Arias, en el centro de la imagen, asistiendo en La Coruña al acto de aniversario de la fundación de las Falanges de Galicia, en marzo de 1987 

Mª del Carmen Canalejo, hija de Juan Canalejo (Jefe Territorial de Milicias de Falange, asesinado en Paracuellos), interviniendo en el acto de aniversario de la fundación de las Falanges de Galicia, en marzo de 1987

    Juan Arias-Andreu y Martínez, fue, como él mismo escribía en su currículo político "jonsista de Madrid y de La Coruña en 1932; fundador nacional del SEU en la fusión con FE por los grupos de estudiantes jonsistas; enlace personal de los Jefes Territoriales de La Coruña y de Valencia, Juan Canalejo y Enrique Esteve, directo con el Jefe Nacional José Antonio Primo de Rivera; nº nacional 260 de Medalla de la Vieja Guardia con pasador de dos flechas blancas homologado por antiguo de las JONS".

    Fue autor, además, del libro Memoria de un Triunviro, prologado por David Jato.

    El texto que reproduzco son palabras dictadas por Juan Arias Andreu en La Coruña hace más de tres décadas.

    No recuerdo exactamente en qué fecha. Pero por la alusión a la URSS, debe haber sido entre 1987 (que es cuando creo haber conocido a Juan) y 1989.

Juan Arias pronunciando una conferencia en el homenaje a Matías Montero organizado en febrero de 1992 por Falange Española Independiente en La Coruña

Otra imagen del homenaje a Matías Montero organizado por FEI La Coruña en febrero de 1992. A la derecha de Juan, Miguel de los Santos Sáez Vinós, Vieja Guardia y fundador del SEU. A la derecha de Miguel, José María Velasco, fundador de las JONS en La Coruña, asistente al acto de la Comedia de Madrid y Vieja Guardia de Falange. Ambos ex-combatientes. Detrás de ellos, Miguel Temprano, que se alistó voluntario a la Cruzada, siendo menor de edad.


 Transcribo el texto tal cual lo escribí en su día, con el estilo peculiar de Juan, expresando ideas que van y vienen de un modo un tanto desordenado.  También alguna falta de ortografía y error de puntuación de mi cosecha.

    Son sus palabras, no mías. No he querido añadir ni sacar una sola coma. Con la mayor parte de sus ideas estoy de acuerdo, con otras no. Mi intención es tan solo aportar un documento que puede tener cierta importancia histórica y que llevaba décadas guardado en una caja en medio de otros muchos otros papeles.

    Tenía pensado publicarlo ayer, 90 aniversario de la revista La Conquista del Estado, pero no ha podido ser.

El llamado Nacional-Sindicalismo resulta que las J.O.N.S. no aportaron absolutamente nada como tal y se dedicaron a gesticular cosas nuevas y en su caso sólo creadoras sin contenido doctrinal.
Fue, pues, José Antonio y la Falange como tales, quienes sí crearon e imprimieron un estilo total y un cuerpo doctrinal total... de los cuales aquellas dos juntas carecían.
No es cierto, por tanto, que la Falange careciera de doctrina o que esta fuese inviable y delirante según algunos.
Así, la Falange es lo único verdaderamente creador y total y todo lo demás anacrónico, nostálgico, e involucionista como lo es el P.S.O.E. con sus más o menos 100 años, el carlismo, que fue y el anarco-sindicalismo que no lo es.
Así, pues, la Falange es lo único creador, rotundo, viable y realizable, y todo lo demás es anacrónico en sí mismo y en el mejor de los casos sólo conservador tanto en las derechas como en las izquierdas.
Un sólo golpe militar volvería a fracasar al cabo, y de ahí la estrategia de E.T.A. que quiere constantemente provocarlo pues para que la opción final sea la República Federal Ibérica, de la cual sería antesala esta democracia y monarquía inoperantes impuestas por el pacto de Munich.
Las J.O.N.S. eran unas Juntas de hombres libres y un tanto averiados y ampulosos y gesticulantes.
A su vez las otras Juntas de Actuación Hispánica eran sólo de un nacionalismo - católico y no tenían nada que ver con aquellas...
José Antonio, la Falange Española, sí vino a crear todo un modo de ser total y un cuerpo de doctrina total... de los cuales aquellas carecían y que Ramiro y alguno no estaba en condiciones de asumir y por el contrario Onésimo sí y de tal modo que cuando la escisión José Antonio dijo que sin Ramiro podía vivir pero sin Onésimo no.
Mas en definitiva, el auténtico teórico total de la Falange fue sólo Rafael Sánchez Mazas y Ernesto Giménez Caballero fue y es un genio absolutamente independiente y con cargo a su propia costa intelectual.
Conviene, pues, que alguno y algunos quieran polarizar todo esto paso a paso y desde luego tocando guarniciones en sus oficiales jóvenes y cadetes.
En última instancia, el llamado 18 de julio fue movido de capitanes para abajo y para arriba y no, en absoluto, por todos los generales al unísono en ambas zonas y en cuanto a la Nacional se dijo en Tetuán que había Alzamiento “con franquito o sin franquito”.
Es verdad que no existe Italia y Alemania de antaño... pero sí existe Estados Unidos, incluso la U.R.S.S., Libia y Cuba que estarían en línea pro la Revolución Nacional española y alterando el mapa geopolítico militar del mundo en armas
Luego, se deduce que una tarea neo-falangista tiene horizontes y resortes insospechados y sólo falta formularlos y manipularlos paso a paso, pues hoy somos más que fuimos antes de la guerra y los poderes mundiales son más fuertes que los de Italia y Alemania y están esperando un rearme moral y militar desde cada potencia decisiva.
La fórmula sola de los partidos políticos es falsa y antinatural y en la enciclopedia Británica hay más de 300 acepciones de la palabra democracia y por consiguiente la española no es la única y es la peor
El talento y el talante es y será el inspirar todo ello a la vez paso a paso y con orgullo, soberbia, y pasión y sólo así se conmemora permanentemente y de cara al futuro y al cielo todo nueve de febrero de Matías Montero, sin descanso ni paz hasta ver ondear de verdad el triunfo del yugo y del Haz.
Para selectos y con cargo al origen en sí hay que comparar y meditar los dos himnos, el gesticulante y ampuloso de las J.O.N.S. con el selectivo y absolutamente, verdaderamente creador, el de José Antonio y sólo fuera con cargo a dos himnos se comprende la escisión de una parte y la indisolubilidad de otra y naturalmente a favor de José Antonio y la indisoluble F,E. de las J.O.N.S.
Un sólo militante joven, creador y ciertamente puro podría y puede mover todo esto a la vez y en su torno, entorno y contorno, pues como el profeta es el precursor de lo que ha de venir y viene.
Y lo curioso es ser profeta del pasado de cara al porvenir
José Antonio lo fue y no tanto ni Onésimo ni Ramiro.
Hoy esto, pues, se da y se puede dar por un camarada joven, perseverante y lo demás vendrá por añadidura y todo esto no es y que no sea literatura, otros con menos carga intelectual son diputados y con sueldos fenomenales sin examen ni oposición, ni estudios ni nada de nada y “son” los que legislan
Y en lo moral por lo menos la “Pasionaria” decía antes de la guerra con sus muchachos “Hijos sí, maridos no” y hoy ni hijos ni maridos y los óvulos de encargo y los espermatozoides ignorados, preservados e inmoralmente castrados
Bien, entonces el Nacional-Sindicalismo es en sí mismo y como tal el Sindicato Vertical verdaderamente entendido, representado y realizado y jamás a los Solís.
Como la Democracia con cargo al Derecho Natural es verdaderamente la orgánica y jamás la inorgánica, puesto que las unidades naturales de convivencia si son la los cabeza de familia, Municipios y profesiones y jamás la ortopedia de los partidos políticos que para algunos suponen su religión civil y como Biblia, la Constitución
Y a su vez la Sucesión en José Antonio es la del Colegio Cardenalicio que como la Democracia Orgánica viene en el libro “Arriba España” dictado por José Antonio a Pérez de Cabo que con Juan José Domínguez fueron los dos falangistas fusilados en zona Nacional
La “Sucesión” en Manuel Hedilla no fue ciertamente la del Colegio Cardenalicio y en todo caso Manuel Hedilla sólo fue real y verdaderamente un santo varón anti-mujeriego, anti-borracho, verdaderamente religioso y no necesaria y únicamente Jefe Político de nada. No se opuso a la Unificación y luego además admitió la fundación de su Frente Nacional de Alianza Libre.
Lo cual supone por su misma nomenclatura otra unificación.
Así los Jefes Provinciales de zona Nacional no cumplieron las órdenes de José Antonio para condicionar el Alzamiento y se volcaron en él como si Franco tuviera que ser a la fuerza Nacionalsindicalista o Tradicionalista.
Franco solo era Franco y absolutamente nada más y fueron todos ellos los que quisieron que él fuera como ellos eran y no lo era, ni al principio ni al final y además dejó de levantar el brazo y sólo alzaba una mano en proa y absolutamente nada más y su línea política sucesoria fue la de Carrero Blanco y no la de Blas Piñar es inútil evocar a Franco cantando el cara al sol y el Oriamendi y mas justo es cantar a los años 20 el himno de la Legión y por supuesto de la fiel Infantería y ya es bastante.
Tarea, pues, inédita y rotunda para camarada joven puro.
Juan Arias Andreu